La vivienda se configura a partir de volúmenes blancos compactos en los que las aperturas se retranquean para filtrar la luz y construir un juego de claroscuros propio de la Arquitectura Mediterránea. La geometría es nítida y continua, con aristas suavizadas que introducen calidez y la aproximan a una escala más íntima y doméstica.